Antonio Ferreira y Edmilson Lisboa
Conocí a Antonio Lisboa y a Edmilson Ferreira cuando hacíamos la llamada
Caravana da Saúde (caravana de la salud), un proyecto del italiano residente en
Olinda, Giuseppe Baccaro. La Caravana consistia en un ómnibus repleto de
violeros, aboiadores, poetas, actores y productores culturales. Viajamos durante
tres meses por los nueve estados del nordeste brasileño visitando las ciudades
de mayor porte. Los repentistas improvisaban temas relacionados a la salud
pública, informando al oyente a respecto de prevención y tratamiento de
enfermedades.
Antonio y Edmilson cantaron junto a cantadores de mayor renombre del repentismo
brasileño: Oliveira Francisco de Panelas, Ivanildo Vilanova, Geraldo Amâncio,
João Furiba, Louro Branco, y el dúo Raimundo Nonato y Nonato Costa.
Este viaje se parecía al de los argonautas, una bandada de hombres griegos que
salió en busca del vellocino de oro. Pero en aquellos tiempos había apenas un
músico, Orfeo. En el ómnibus, eran más de veinte poetas repentistas desplegando
el oro del conocimiento.
La vida de los cantadores no difiere mucho de la vida de los astros de rock. Tal
vez sí en relación a los cachês que cobran. En ambos casos, hay una experiencia
permanente de vivir viajando, lejos de casa, cantando, conversando, creando.
Pero al fin se trata de una especie de casamiento musical. El dúo de violeros
desarrolla afinidades; uno conoce el tiempo del otro, evalúa la respiración,
percibe sus pausas, sus silencios. Vive en el duelo con su colega de
improvisación, pero precisa asimismo mostrar paridad y armonía. No existe más
desastroza que un dúo de violeros con aptitudes disímiles, desiguales. Los
poetas que se acompañan con la viola son amantes y cómplices que se tratan en
los duelos como enemigos y rivales. Es la paradoja de la profesión.
Antonio Lisboa y Edmilson Ferreira crecieron mucho desde que los conocí. Se
volvieron maestros de la poesía popular. Y ese aprimoramiento se dio como
consecuencia de mucho trabajo, da lapidación del verso y de la voz. Llegaron a
donde pensaban y querían llegar: a la certeza de que el poeta esta siempre en el
camino, siempre cavando la inagotable mina que es la poesía.
Ronaldo Correia Brito
(Escritor e dramaturgo)